Siempre cargo en mi bolsa un cambio completo para mi hija y calcetines. Pero cuando estaba entrenándola para ir solita al baño, recuerdo un fin de semana que habíamos salido muy arregladitos para asistir a varios compromisos familiares; de esos sábados que no sabes hasta cuándo se acabará la fiesta. Yo preparada, tenía lo necesario en mi bolsa cuando mi niña necesitó que le pusiera pañal así que sin problema la asistí. Como estábamos en el campo, decidí guardar el pañal usado hasta que encontrara un bote de basura, solo que esa tarde terminó en noche, y a la siguiente mañana salimos a prisa otra vez para asistir a otra reunión que igual terminó en noche.

 El fétido pañal logró ver la luz hasta 24 horas después de que lo guardé, no puedo explicarte el olor que dejó en mi bolsa…

 Anécdota de Adriana Robles, culichi de corazón.

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