¿Qué puede haber más íntimo para una mujer que su bolsa? Honestamente, pocas cosas; más aún si eres madre, en muchos casos esposa y en otros tantos profesionista. Más de la mitad de tu vida y tu espacio están compartidos por un gran número de personas, llámense hijos, pareja o trabajo; pero aún en el hábito de compartir, las mujeres guardamos un rincón muy nuestro en el que sólo nosotras gobernamos: nuestra bolsa, y basta un vistazo al interior para aprender mucho de la mujer en cuestión, aquí un tour por la mía:

 

   El botiquín, en primer lugar mis pastillas para la migraña, jamás podrán faltar si un día ocupado mi cuerpo me pide un respiro y me hace meter el freno de mano, por qué no, con un ataque de migraña, mis pastillas serán lo más importante en la vida.

   El neceser, en un día normal corro, como, beso, saludo y logro verme milagrosamente como recién maquillada, eso porque nunca debe faltar un espejo y los artículos para el retoque y lucir siempre como una “pro”, cansada pero radiante.

   La oficina, mis fieles compañeros y amigos, mis teléfonos personal y el de oficina con sus respectivos cables, es imperdonable estar desconectada, peor si fue por quedarte sin batería además de las tarjetas de presentación que jamás deberán faltar.

   La biblioteca, cada que hay tiempo un vistazo a las páginas de un libro son un bálsamo para la mente saturada de deberes.

   Las finanzas, esa bolsita que cuidas como a nada en el mundo que contiene dinero que irónicamente nunca llegas a ver ni a tocar, las dueñas de mi quincena (las tarjetas), ¿que más? envueltas en su respectiva cartera, guardadas, bien protegidas por ti y por Hacienda. 

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