Me sigo sorprendiendo de cómo la era digital ha cambiado nuestros hábitos. Es tema de dominio público hablar sobre privacidad, sobre cómo las nuevas generaciones están encarando un problema que nosotros no tuvimos a su edad. El contexto ha cambiado, desde que las redes pusieron al alcance de todos nuestra vida privada. Desde que un smartphone duerme en el buró de cada recámara. 

Hace poco platicando con un amigo influencer de la industria me comentaba su opinión sobre el escarnio sistemático que abunda en la red, en especial cuando se trata de mujeres, los bien llamados #haters se cuelan en cada post o retweet, muchas veces compartiendo información privada de las personas ¿Qué hacer para controlarlo? ¿Desde dónde iniciar el debate ético sobre lo público y lo privado? ¿Qué hacer para proteger la privacidad? ¿El problema también afecta a las marcas?

Red chica infierno grande 

Hace una semana Tiziana Cantone, una italiana de 31 años se quitó la vida. Me llama la atención que no era una jovencita. El hecho derivó de la publicación de un video íntimo filtrado en la red, en la grabación ella pronunció la frase “¿Estás filmando? Bravo”, misma que inundó la red con millones de memes, hasta se vendieron camisetas. Todos conocen a Tiziana, nadie al autor del video.

Hace algunas horas, Shakira publicó en su Instagram una imagen de ella haciéndose pedicure. La imagen parecía no tener nada raro, hasta que una forma fálica se vislumbraba debajo de un sofá. De pronto miles de comentarios se dejaron leer en su red social, ella no ha desmentido el hecho. De nuevo, suspicacias sexuales ponen en duda si era una sombra o si se trataba de un juguete sexual. 

Recientemente sucedió también en Monterrey con otra pareja que practicaba escenas íntimas en un conocido lugar de tacos. A las pocas horas todos conocíamos el domicilio de ella; de él nadie se acuerda. Las estadísticas dicen que los escándalos en la red son selectivos según el género.

Pero también hay los casos que afectan a las marcas que no quedan excluidas del fenómeno. En días recientes La Costeña sufrió un duro golpe cuando un grupo de empleados se fotografió orinando en su línea de enlatados. Como todo lo que circula, no se sabe de la legitimidad del hecho pero la imagen dice más que mil palabras. El escándalo se mantuvo por varios días.

Lo que sí es cierto, es que quienes trabajamos generando contenido en las redes sociales debemos mantener un código ético de protección a la privacidad de los miembros de nuestras comunidades. En especial cuando se trate de menores. Por otro lado, como padres, tíos, hermanos de la era digital, es preciso ahondar en el tema, reflexionarlo y discutirlo. Entender lo que es del orden de lo privado. Las nuevas generaciones están abiertas a contenido diverso, es muy importante evitar la sobreprotección, al mismo tiempo que se analiza las implicaciones de definir esa delgada línea de lo íntimo.

Vía: Merca 2.0

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